hoy 17, época de cambios
The Lonesome Border, Pt. 1 de Dear Nora
Que QUÉ pienso de los cambios?
Son el único modo posible que tiene la hermosura de presentarse ante nuestros ojos. Y es también lo atado a la muerte, ¡es la red!: el destino, la tragedia (ese automóvil en la carretera camino hacia el horizonte, que es la nada o ese totalizante supuesto origen que nos representa la casa de la abuela). Eso de sucedernos de momento a momento es lo que funda la emoción; en esencia, según cierta psicología o el bruto psicoanálisis, el deseo y la falta, cuna de nuestra sensibilidad. Es el cambio lo que hace que muerda mis uñas, lo que nos pone ansiosos, nerviosos, anticipantes. Pues lo ideal, que se identificaría para los alegres con el futuro (actitud tan imposible en nuestros tiempos oscuros, en donde todo son malas noticias y edificios departamentales en barrios folclóricos, aún no tan matados del seso de la imaginación), lo ideal, digo, se nos fracasa a cada instante. Y que finiquita así el tiempo toda imaginación, podría pensar el corto (yo mismo en otra hora, ¡pero hoy estoy pensante y diré que no!), ¡¡¡que no, digo!!!, el tiempo NO acaba con nada, menos con nuestra imaginación --que es, como todo para nosotros, pero todavía más puesto que nos llena de veras, un invento del tiempo--: es nuestra actitud ante el tiempo, nuestra falta de actitud ante el tiempo, la que nos deja con ese sinsabor de quedarnos sin posibilidad, esa anemia de acortarnos acotarnos la vida a esta falsa familiaridad, que a los talentosos para el VIAJE nos provoca tanta persecución, porque nos escapamos o porque nos falta VISIÓN, visión que nos pisa la cola, ¡¡¡y qué cola!!!
A la red, opóngasele LA VOLUNTAD, junto al ENTENDIMIENTO y la MEMORIA, como dijeron San Agustín y el Arcipreste de Hita; o, si se quiere hablar en términos más sencillos: opóngasele contemplación, acción y Dios: Hamlet, Quijote y Fausto. Y si se quiere ser aún más exacto, ¡háblese de ESPÍRITU!, ¡de POESÍA!, ¡de AMOR!, ¡de DIOS! Yo decido creer en la belleza, como dijera un griego, o en la hermosura (nótese lo femenino), como dijera un barroquísimo español de la España de verdad, Esa la de pluma y espada (¿se ve?, ¡de pluma y espada!, ¡de letras y armas al servicio del corazón!) A ver, lo que nos hace ontológicamente mortales (el cambio, el tiempo), es precisamente lo que colma de gracia esta vida nuestra, siempre nueva, siempre vieja.
¿Siempre vieja, verdad? Como las abuelas, las madres o los padres, que ocupan un lugar privilegiado en los altares de nuestra memoria, honrados con santa unción, para nosotros, los alegres (o los que nos esforzamos por afirmar la vida pese a la caballa depresión que aterra y paraliza a nuestro movimiento), los alegres, que entendemos que a Esta Vida hay que juntarla fielmente con Su Voluntad, para que aparezca lo hermoso, lo eterno: LA VIDA.
los hermosos Toto y Alfredo, de Cinema Paradiso.
(ahora que lo pienso, la música nostálgica, como el pop de guitarras, nace de no querer que pase el tiempo, es la negación del tiempo, ¡por eso es neutra políticamente!, o más bien cómplice, si uno se pone drástico, como varias de esas músicas espejo de nuestros tiempos; aunque entre estas, hay algunas derechamente nihilistas, que no festejan los placeres y displaceres personales de la pequeña vida, sino que derechamente pregonan el fin de los tiempos).
- escribí esta entrada escuchando oldies movidos, y lo de la nostalgia lo escribí porque encontré una antigua playlist mía llamada "pa' que no notemos el tiempo pasar" justo después de haber terminado de escribir la entrada.

esta entrada es fea!!!
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