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En aquel entonces,
sin terror a desaparecer del mundo,
aparecí,
lejano y solo,
en el seno de mi familia,
como una cría de gallina,
un brillo enano entre tanto siglo,
apenas el hijo del hombre,
una guagua muda
un ser
hecho luz
a la fuerza
por haber nacido otra vez.
Separado del borde
me abismé a los 17,
entrado en poesías,
partiendo las dudas,
llegué a vivir la tristeza extranjera
del que vuelve a nacer,
de aquel que rompe el cascarón otra vez.
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