Pequeño diario de mí mismo
En
el caso de Francisco, es necesario escribir para que de a poco vaya erigiéndose
su inconsciente como un arma a favor de sí mismo, aunque le duele y exaspere no
ser capaz de articular un pensamiento de manera continua. Lo que menos importa
en estos casos es significar un discurso con conciencia gramática y estilística,
lo imprescindible es que el espíritu logre expresar su propio ímpetu creativo,
que yace dormido o velado por los días y los malos recuerdos. Tú quieres y necesitas
escribir hasta llorar, purgar la actividad escritural de sus mudas asperezas,
expurgarla de todos sus males, que no son más que falsas justificaciones de la pereza,
el abandono y el miedo. La ausencia de tu personalidad no es un fenómeno aceptable,
has de defender tu propia dignidad atacando de frente la falta de hábito que doma
—que domina triste, cruel, malditamente— tu lengua. Es así, haciendo uso libre de
tu propio lenguaje y de la férrea voluntad que posees (que descansa en ti, ahogada
o ignorada), es así, digo, despertándote y discurriendo aventuradamente como
llegarás a sentir algo. (En esencia, el asombro por los secretos lazos del
mundo.) Es el único modo que tienes de acceder a lo que verdaderamente
quieres, a cumplir aquel sueño que nada tiene que ver con ser un
hombre aburrido. Tú quieres ser un hombre común, pero común de puro
universal, de puro excepcional, de puro meditativo y contemplativo, de puro
ejercitado espiritualmente, habiendo reverenciado frecuentemente, habiéndose inclinado
profundamente, a aquello que vale la pena:
(habiendo honrado la belleza)
en gloria de hallazgos serás
un hombre único más
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